Cohousing: personas mayores que comparten vivienda

Podría pensarse que compartir piso es cosas de estudiantes y jóvenes sin demasiados recursos que desean independizarse del domicilio familiar. Sin embargo, en estos últimos años, se ha observado una nueva tendencia: el cohousing entre la gente mayor.

Este término designa, ni más ni menos, la actividad de compartir casa o piso entre personas de la tercera edad. El envejecimiento progresivo de la población y los constantes cambios sociales y económicos han llevado a los más mayores a buscar una interesante alternativa para pasar sus últimos años.

cohousing

Debido a los cambios sociales y económicos, cada vez más personas necesitan o deciden buscar una alternativa a su forma de vida. Los modelos de economía colaborativa y cooperación van en aumento y se busca cada vez más una vuelta a las raíces.

Tratando de dejar de lado un modelo social deshumanizado, basado en el consumo y la competitividad, en el que las personas mayores no son consideradas productivas y van dejando de tener su sitio, surgen proyectos de vivienda en comunidad que cada vez tienen más seguidores.

Una alternativa a las residencias

El concepto del cohousing, también llamado vivienda colaborativa o covivienda, se basa en facilitar una alternativa a las tradicionales residencias de ancianos los apartamentos asistidos, a la soledad que suele acompañar a la edad adulta o al hecho de instalarse en casa de los hijos por no poder hacer frente a las necesidades básicas del día a día.

Cada vez son más las personas mayores que deciden, de manera voluntaria, empezar a compartir piso con otras semejantes, por el miedo a no poder permitirse asistencia cuando la necesiten, por no querer causar molestias a los hijos o, simplemente, por desear emplear el tiempo con personas de la misma edad e ideas similares.

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En una sociedad en la que las personas mayores parecen tener vetada la capacidad de innovación, las fórmulas cohousing se van abriendo terreno y ayudan a que muchas personas desarrollen el modelo de vida y convivencia que desean, en plena libertad de sus decisiones y actos.

El hecho de poder compartir los gastos que genera una vivienda aporta, además, una mayor libertad económica, que puede ser invertida, de manera colectiva, en la contratación de personal de limpieza, un cocinero o personal asistencial o sanitario. Asimismo, es posible gastar ese dinero que se ahorra en cualquier tipo de capricho que, sin compartir gastos, sería inalcanzable.

¿Cuál es el origen del cohousing?

El cohousing nació en la década de los setenta en Dinamarca y Holanda, como solución a las necesidades de las familias jóvenes. Se diferenciaba de las comunas en que cada familia continuaba teniendo su propia economía, espacio privado y vida diferenciada del resto. Sin embargo, compartían las labores domésticas, el cuidado de los niños, la asistencia a los enfermos, etc.

Esta práctica se fue extendiendo con gran rapidez por otros países europeos y americanos, como Estados Unidos o Canadá. Pero, con el paso del tiempo, los primeros habitantes de este tipo de viviendas descubrieron que sus necesidades iban cambiando según envejecían, hasta adaptar su modelo hacia comunidades más séniors.

En España, el cohousing sénior se ha implantado como una opción para disfrutar de un envejecimiento activo y compartir el tiempo con otras personas de un rango de edad y tipo de pensamiento similar.

¿Cómo funciona el cohousing?

Existen diferentes maneras de practicar el cohousing. Hoy en día, se pueden encontrar organizaciones sociales que se encargan de facilitar este tipo de viviendas a personas mayores y las gestionan para ayudar a que tengan éxito. Apoyan las gestiones del día a día y median en los problemas de convivencia, si es necesario.

También hay, simplemente, grupos de personas que deciden juntarse para compartir vivienda y experiencias.

En este último modelo, las personas que habitan en la casa deciden sus normas de funcionamiento y codiseñan las pautas de convivencia. No existen jerarquías, ya que cada función se decide conjuntamente y de manera natural.

La economía de cada persona y sus enseres son de propiedad privada y cada habitante dispone de su propio espacio personal, que solo compartirá en caso de desearlo.

Dependiendo de la edad y del estado físico de los habitantes, la comunidad puede decidir contratar apoyos externos para realizar las tareas domésticas y del cuidado personal.

Qué diferencia hay entre un cohousing y un apartamento asistido

En ocasiones, pueden llegar a confundirse estos términos. La diferencia principal estriba en que, en los apartamentos asistidos, existe algún tipo de tutela externa, en mayor o menor grado; mientras que, en el cohousing, el modelo es autogestionado.

A modo práctico, las similitudes los colocan uno al lado del otro, ya que, en ambos casos, las personas pueden estar recibiendo ayuda de profesionales para realizar sus tareas del día a día. Sin embargo, en los cohousings, las decisiones recaen sobre las propias personas que habitan la casa y ejercen sus derechos en total libertad.

Este tipo de comunidades tiene más similitud con un pequeño barrio o pueblo basado en economías colaborativas.

¿Por qué ir a vivir a una casa compartida?

Compartir espacio y tiempo tiene innumerables puntos a favor. La vida en comunidad potencia los recursos individuales y favorece la interacción social. Algunas de las ventajas de compartir la tercera edad en cohousing son las siguientes:

  • Reducir gastos. Compartir piso requiere un menor esfuerzo económico, tanto a la hora de pagar la vivienda como los gastos e impuestos que genera (agua, luz, gas, etc).
  • Combate la soledad. Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las personas mayores es el de la soledad. Un alto porcentaje de ancianos se queja de la falta de compañía y pasar sus últimos días sin nadie con quien hablar. Poder compartir la vivienda con personas de la misma edad y en situaciones similares genera interacción social. Las personas tienen a otros semejantes con quien conversar y realizar actividades.
  • El derecho a decidir. Cada vez hay más personas que quieren poder decidir sobre su futuro al envejecer. No quieren ser una carga para sus familiares, en caso de no poder valerse por sí mismos, ni ser tutelados por ninguna institución. Este tipo de envejecimiento activo ayuda a mantener la mente activa, dado que el individuo es dueño de sus propias decisiones y, además, debe llegar a acuerdos de convivencia con sus semejantes constantemente.

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  • Mejora en la calidad de vida. Al compartir la economía y tener menos gastos, se puede acceder a mejores servicios en caso de necesitarlos. Si la comunidad así lo decide, es posible contratar personas para ayudar con la limpieza, cuidar el jardín, hacer la comida o cualquier tarea que los integrantes no quieran o no puedan llevar a cabo. Según se va extendiendo el cohousing, cada vez son más los profesionales que dirigen sus servicios hacia las necesidades de este tipo de mayores.

El cohousing como modelo emergente

Este tipo de viviendas cada vez cuenta con más adeptos y ha crecido el interés general en estas alternativas a los hogares de jubilados.

Como concepto ideológico, el cohousing se opone a la especulación de la vivienda y trata de recuperar el modelo social y colaborativo de la vida en comunidad.

En algunas de las viviendas comunes más desarrolladas, sus habitantes siguen un modelo ecológico y sostenible e incorporan técnicas de bioconstrucción y cultivo de sus propios vegetales.

La práctica del cohousing no está únicamente ligada a las grandes ciudades, aunque sí muy relacionada con ellas. En ocasiones, grupos de mayores de ciudad deciden mudarse a zonas más rurales en el momento de empezar a compartir, para poder disfrutar de una jubilación activa lejos de los inconvenientes de las contaminadas y masificadas urbes.

La retirada al campo de los cohousers es una forma de devolver la vida a lugares en los que sus habitantes han optado por marcharse a grandes ciudades y reactivar la economía de la zona. Las personas mayores que habitan la comunidad recién instalada necesitarán los servicios de profesionales de la asistencia y consumirán recursos de cercanía. Además, que se instale una comunidad sénior en la zona generará visitas de amigos y familiares, que, a su vez, también consumirán en el pueblo.

Como se ha podido observar a lo largo de todo el artículo, el modelo de cohousing no es único. Hay tantas variedades como personas dispuestas a convivir durante su etapa sénior. Lo que sí tienen en común todos ellos es una base de colaboración, solidaridad y respeto por el prójimo, que asegura la supervivencia del hogar.

La creatividad de algunas de las comunidades ha llevado, incluso, a realizar campañas de crowdfunding para realizar proyectos sociales y ecosostenibles.

Adaptándose a estas nuevas necesidades, algunas comunidades y algunos ayuntamientos están favoreciendo este tipo de prácticas y están ofreciendo alquileres sociales y cierto tipo de ayudas para mayores que quieran compartir piso y cumplan una serie de requisitos.

Estas facilidades posibilitan que cada vez más personas se decanten por la opción de compartir piso con otros mayores en su misma situación, sin perder su propia independencia y capacidad de decisión.

Estas son algunas de las organizaciones que ofrecen el modelo de vivienda cohousing: Sostre Civic, Travensol

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