La tercera edad en verano, un colectivo de riesgo

La llegada del verano, con sus altas temperaturas, supone un factor de riesgo para la población mayor.

La tercera edad en verano se presenta como un colectivo más vulnerable, si cabe, que el resto del año. El calor excesivo conlleva una sudoración adicional y los riesgos de sufrir una pérdida de minerales, o una deshidratación, se multiplican exponencialmente.

Ancianos en verano

Es habitual que los ancianos tengan problemas para asimilar la cantidad de líquido que su organismo necesita, por lo que un golpe de calor o la exposición prolongada a altas temperaturas puede llevarles a un desequilibrio hídrico que resulte ser fatal.

El riesgo de deshidratación es una de las mayores preocupaciones de los expertos en cuidado de ancianos, ya que supone uno de los principales riesgos que sufre esta población durante la estación estival.

¿Qué es la deshidratación?

La deshidratación es causada por la falta de líquido en nuestro organismo, bien por no beber la suficiente agua, o bien por perder más cantidad de la que se ingiere. La deshidratación puede ser leve, moderada o grave, dependiendo de la carencia de líquido que tenga el organismo. En el peor de los casos puede resultar mortal.

El cuerpo humano utiliza el agua para mantener la estructura de los tejidos y para que las células puedan funcionar normalmente. Además, es también necesaria para regular la temperatura corporal.

Síntomas de la deshidratación

Es importante estar atentos a los síntomas de este problema, una deshidratación leve se manifiesta de la siguiente manera:

  • Sensación de sed.
  • Boca pastosa.
  • Muy poca orina y de color amarillo oscuro.
  • Sequedad en la piel.
  • Dolores de cabeza.
  • Algún calambre muscular.

Cuando el grado de deshidratación aumenta, el riesgo que corre la persona es inminente. Los síntomas son los siguientes:

  • Ausencia total de orina o muy poca orina de color muy oscuro.
  • Piel muy seca y arrugada, que no vuelve a su sitio tras pellizcarla.
  • Confusión mental.
  • Mareos y desorientación.
  • Ritmo cardiaco acelerado.
  • Alteraciones en la respiración.
  • Ojos hundidos.
  • Abulia.

Si no se rehidrata al paciente, puede caer en un delirio que derive en inconsciencia y en muerte.

Consejos para evitar la deshidratación

Consejos para evitar la deshidratación

Por supuesto, lo más importante es hidratarse bien. Debemos saber que un buen cuidado personal empieza por beber la suficiente cantidad de agua, infusiones, zumos…

En verano, las comidas frescas favorecen el aporte de líquidos. Alimentos como el gazpacho, las ensaladas o la sandía poseen una gran cantidad de agua, por lo que son aliados perfectos en la lucha contra la deshidratación.

Evitar salir de casa durante las horas más calurosas del día e intentar no exponerse al sol directo son dos consejos fundamentales que nuestros mayores deberían adoptar. Cuanto menor sea la pérdida de líquido, menos probabilidades habrá de sufrir deshidratación.

En ocasiones, las personas mayores olvidan si han tomado agua, o no tienen la sensación de sed muy aguda. Una buena opción para asegurar un consumo adecuado de fluidos es dejar una jarra y un vaso a mano con la cantidad de agua que debe tomar la persona al día. De esta manera, si la jarra no se vacía del todo a lo largo de la jornada, querrá decir que el anciano no ha tomado la suficiente cantidad de líquido.

Si la persona mayor tiende a olvidarse de tomar agua, lo primero es concienciarla de la importancia de que se hidrate y del riesgo que supone no hacerlo. Otra buena táctica para conseguir que consuma los vasos necesarios es colocar alarmas en el móvil cada cierto tiempo, con el compromiso de que el anciano se tomará el agua cuando suenen.

El cuidado de las personas mayores durante el verano es una labor muy necesaria, con estos sencillos consejos evitaremos sustos.

La tercera edad en verano, un colectivo de riesgo
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