Reducir la sal: todo son beneficios

La sal común, también conocida como sal de mesa o, simplemente sal, es un elemento tan habitual como peligroso en nuestros platos.

Este condimento aporta a los alimentos un sabor apetecible que el ser humano percibe a través de unos receptores presentes en la lengua.

El consumo de la sal favorece el apetito y mejora la palatabilidad de los alimentos, por lo que es muy bien tolerado socialmente. También es común utilizar la sal para realizar algunos tipos conservas (bacalao) y encurtidos (aceitunas, pepinillos, etc).

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Sin embargo, su consumo excesivo es el causante de innumerables problemas para la salud. El abuso de la sal está relacionado con enfermedades cardiovasculares, problemas renales, osteoporosis o cáncer de estómago, entre otras.

¿Cuánta sal se puede consumir al día?

Según la Organización Mundial de la Salud, el consumo máximo recomendado de sal al día es de 6 gramos, aunque la mayoría de la población ingiere una cifra muy superior a.

La gran mayoría de la sal consumida por las personas proviene de alimentos precocinados y envasados. Este tipo de productos están elaborados con una cantidad excesiva de sal, precisamente por su capacidad de mejorar la palatabilidad y conservación.

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¿Qué problemas puede generar el consumo excesivo de sal?

El principal problema que genera el consumo excesivo de sal está relacionado con las enfermedades cardiovasculares. Uno de los efectos secundarios de este abuso es la hipertensión arterial, que es la causante de insuficiencias cardiacas, infartos, hemorragias cerebrales e ictus.

También puede ser causa de insuficiencias renales. Los riñones son los órganos que se encargan de filtrar y depurar la sangre y, al pasar demasiada sal por ellos, deben trabajar en exceso, además de tener mayor riesgo de padecer cálculos y piedras. El hecho de que los riñones tengan que producir más orina puede causar, a largo plazo, un fallo en su funcionamiento.

La retención de líquidos es otro de los trastornos asociados a esta ingesta masiva y puede causar dolor en las articulaciones, debido a la inflamación.

Tomar mucha sal hace que disminuya la cantidad de calcio presente en el organismo, por lo que la predisposición a padecer osteoporosis aumenta significativamente.

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Otra de las enfermedades a las que se puede ver expuesta una persona por esta causa, es el cáncer de estómago. La sal irrita las paredes del estómago hasta producir lesiones de diversa gravedad como úlceras, infecciones e inflamaciones que pueden derivar en un problema oncológico.

También se ha demostrado que puede empeorar la condición de los pacientes con asma y otros problemas respiratorios y favorecer la obesidad.

El consumo excesivo de sal provoca en los mayores  nicturia, es decir, la necesidad de levantarse a orinar durante la noche. Aunque pueda parecer un problema menor, el hecho de interrumpir el sueño repetidamente causa numerosos trastornos como dolores de cabeza, falta de concentración o irritabilidad.

Comer alimentos salados hace que se produzca más orina de la normal, además de aumentar la sensación de sed, por lo que también se beben más líquidos y la necesidad de orinar aumenta. Este tipo de molestia es mayor a partir de los sesenta años, ya que la vejiga tiende a disminuir de tamaño con la edad.

¿Qué beneficios aporta reducir el consumo de sal en las comidas?

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Por supuesto, reducir la sal que se consume diariamente tiene innumerables efectos beneficiosos para la salud.

Además de disminuir el riesgo de padecer las enfermedades anteriormente mencionadas, también ayuda a mejorar la hinchazón de piernas, tobillos y abdomen causada por la retención de líquidos.

Ser conscientes de la importancia de una dieta baja en sodio es el primer paso para mejorar la salud a nivel general.

¿Cómo se puede reducir la cantidad de sal en la dieta?

El gusto, como tantas otras cosas en la vida, se puede entrenar. La apetencia por la sal no es innata en el ser humano, sino una costumbre adquirida que deriva de los tiempos en los que se utilizaba como conservante.

A continuación, expondremos una serie de consejos prácticos para comer con menos sal sin perder el sabor de los alimentos.

  • Priorizar los alimentos frescos sobre los precocinados o envasados. Los productos empaquetados aportan una cantidad excesiva de sodio, mientras que al cocinar un producto fresco se puede comedir su aporte a la hora de cocinarlo.
  • No poner un salero en la mesa. Los comensales tienen la tendencia de añadir sal a la comida sin  necesidad, simplemente por hacer más sabroso el plato o por costumbre.
  • Ir sustituyendo, poco a poco, la utilización de sal a la hora de cocinar los alimentos por especias para que aporten nuevos sabores a los platos.
  • La denominada sal marina tiene un sabor algo más fuerte que el de la sal de mesa, por lo que se puede utilizar menos cantidad para aliñar.
  • Es muy importante leer siempre las etiquetas de todo lo que se compra, en ocasiones la sal está presente en productos inesperados.
  • Reducir la ingesta de pan ya que, en la gran mayoría de los casos, se emplea demasiada sal en su elaboración.
  • Un potaje o unas lentejas que se dejan reposar adquieren mucho más sabor al día siguiente, por lo que puede tolerarse una menor cantidad de sal. En este tipo de platos, es conveniente no salar hasta el final.

La adquisición de unos buenos hábitos en la alimentación no es algo que se consiga de un día para otro, pero sus efectos beneficiosos se verán reflejados a largo plazo.

Hay que provocar un cambio en las costumbres adquiridas a la hora de comer. Las transformaciones individuales son el primer paso para que se produzca un gran cambio a nivel global que beneficie a toda la sociedad.

Reducir la sal: todo son beneficios
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