Tercera edad y lumbalgia: ¡prevenir es curar!

Con la tercera edad, llegan los dolores propiciados por el desgaste en el sistema osteomuscular. La artrosis o la estenosis vertebral son dos de las causas más comunes para sufrir una lumbalgia. La lumbalgia o lumbago es el dolor e inflamación de la parte baja de la espalda, concretamente en la zona lumbar. Nuestra espalda se compone de 7 vértebras cervicales, 12 vértebras dorsales, 5 vértebras lumbares, sacro y coxis.

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La lumbalgia se divide en dos tipos

Lumbalgia específica: aquella en la cual se identifica la causa. Suele aparecer como consecuencia de distensiones musculares, escoliosis (desviación de columna), estenosis vertebral (estrechamiento del canal, comprensión nerviosa), envejecimiento óseo, osteoporosis (densidad ósea disminuida haciendo el hueso más frágil), pelvis asimétricas donde existe una pierna más larga que otra creando un desequilibrio en la columna vertebral, hernia discal, infección o tumor.

También influyen ciertas enfermedades relacionadas con el sistema renal o el sistema inmunológico como la enfermedad de Crohn, espondilitis anquilosante o padecer psoriasis.

Lumbalgia inespecífica: no se conoce la causa exacta. Puede deberse a obesidad, sedentarismo, malas posturas, problemas psicológicos, sobrecargas musculares, etc.

Síntomas de la lumbalgia

– Dolor agudo e inflamación. El principal síntoma es dolor e inflamación en la parte baja de la espalda que suele empeorar con el movimiento y con las actividades cotidianas.

– Irradiación del dolor: el dolor se irradia a los miembros inferiores como nalgas y piernas. Hablamos de lumbalgia radicular cuando se irradia hacia los nervios ciáticos.

– Rigidez de espalda.

– Contractura muscular, sobre todo en la zona paravertebral (musculatura que envuelve la columna).

El dolor puede acompañarse de hormigueo, entumecimiento o pérdida de sensibilidad en la zona lumbar o miembros inferiores.

Tratamiento ante una lumbalgia

Ante un dolor agudo de lumbago, con una duración de más de 15 días, es conveniente la visita al médico para descartar posibles patologías asociadas a esa lumbalgia y poder pautar el tratamiento adecuado.

– Tratamiento farmacológico: antiinflamatorios no esteroideos, analgésicos o relajantes musculares, todos ellos pautados por el facultativo.

– No reposo. Antaño, el reposo era la primera norma que se pautaba. Ahora, el reposo está desaconsejado. Movimientos suaves, ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de la zona lumbar, alivian y acortan el proceso de lumbalgia.

– Masajes suaves y terapia conductual (reeducación postural).

No coger peso, ni hacer movimientos bruscos.

– Evitar fajas compresoras, pues entumecen la zona, entorpeciendo la recuperación y la falta de irrigación sanguínea y linfática.

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Prevención de la lumbalgia

La lumbalgia no es una enfermedad grave, aunque sí molesta y dolorosa. Normalmente los síntomas suelen remitir, con o sin tratamiento, en el plazo de 25-30 días aproximadamente. Es importante un buen plan para prevenir posibles recaídas.

La natación ayuda a mantener la buena salud de nuestra espalda. Activa la circulación sanguínea y fortalece todos los grupos musculares que permiten una buena sujeción de la columna. Cuando somos jóvenes, nos sentimos activos y con fuerzas para afrontar cualquier actividad y no ver nunca el peligro ante posibles lesiones.

Cuando nuestra edad es avanzada, empezamos a ser conscientes de nuestras limitaciones y decadencias, sobre todo a la hora de jugar con los más pequeños de la casa. Por eso, es importante cuidarse y no descuidar nuestra salud física y emocional.

Caminar, evitar el sedentarismo, aprender a agacharse flexionando las rodillas, en vez de doblar las lumbares, son hábitos que nos ayudan a mantenernos flexibles.

Evitar la obesidad. Los kilos de más no son buenos para nuestra salud. Acarrean daños colaterales y hacen que nuestro sistema músculo esquelético se resienta, perdemos agilidad, aumenta nuestra fatiga y aceleramos la pérdida de salud.

Además, con el aumento de peso nuestros movimientos son limitados y las articulaciones responden torpemente. Una dieta variada y rica en calcio, omega 3, y ácidos grasos insaturados, así como frutas, nos dará el aporte perfecto de vitaminas y minerales.

La gimnasia de mantenimiento y la práctica de pilates, taichí o yoga son una buena opción para mantenerse activo y evitar la rigidez muscular.

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A la hora de dormir, es importante hacerlo sobre un colchón firme y bien armado, para evitar contracturas, y malas posturas que mermen nuestra salud con sobrecargas musculares innecesarias.

Las lumbalgias agudas, con grandes recaídas, conllevan la cronificación de la enfermedad, de ahí que sea muy importante la prevención.

Riesgos

La mayoría de las veces, la lumbalgia no presenta un cuadro de atención urgente, excepto en los siguientes casos:

– Adormecimiento con pérdida de fuerza y sensibilidad en piernas.

– Fiebre, escalofríos y pérdida de peso asociado a dolor lumbar.

– Pérdida de orina o incontinencia fecal.

– Dolor agudo y continuo en abdomen.

Otros síntomas deben consultarse con el médico de manera inmediata para descartar otras patologías.

Una actitud mental positiva y unos buenos hábitos alimenticios y posturales llevarán a una tercera edad con menos dolores y más energía. ¡Prevenir es curar!

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