La enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es una de las que más preocupan actualmente en nuestra sociedad. La Confederación Española de Alzheimer calcula que la enfermedad de Alzheimer tiene más de un millón afectados directos en nuestro país. Y este número se amplía a unos cuantos millones más si se tienen en cuenta a los familiares y amigos de los enfermos, que también sufren sus consecuencias.

Pero esto no es algo exclusivo de nuestro país. De hecho, en todo el mundo, se detectan cada año casi cinco millones de casos nuevos. Ésta es una cifra tan importante que ha llevado a mucha gente a considerarla como la enfermedad más preocupante del siglo XXI y, según la Alzheimer’s Disease International, las cifras crecerán hasta superar los cien millones de casos para el año 2050. Por esta razón, vamos a tratar de explicar en qué consiste esta enfermedad, a quién afecta y cuáles son las perspectivas de futuro.

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¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

La enfermedad de Alzheimer es una forma de demencia que se presenta, normalmente, en las personas mayores. De hecho, es el tipo de demencia más común, que suele darse en dos tercios de los casos diagnosticados y que afecta, sobre todo, a los mayores de 60 años, siendo más frecuente según avanza la edad del paciente.

Los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer están relacionados con el pensamiento, la memoria y el lenguaje. En resumen, se puede decir que, al principio, hay pérdidas leves de memoria, dificultad en el aprendizaje de nuevas cosas y problemas a la hora de expresarse.

En las primeras fases de la enfermedad, estos síntomas se dan de un modo más suave, incrementándose su agresividad con el paso de los años e incluso aumentando también el número de ellos.

¿Cuáles son los síntomas más típicos de la enfermedad de Alzheimer?

Si queremos hablar de síntomas concretos, que puedan ayudar a detectar si una persona puede estar afectada por la enfermedad de Alzheimer, podemos tratar de identificar alguno de los que exponemos a continuación.

Pérdidas de memoria

Se puede decir que ésta es una de las señales más habituales en las fases tempranas de la enfermedad de Alzheimer. Estas pérdidas de memoria se suelen relacionar con cosas que se han aprendido recientemente y, también, con respecto a algunos datos o fechas concretos, como cumpleaños, aniversarios, eventos, citas, etc.

En muchas ocasiones, también se hace necesario utilizar algún dispositivo o anotación para recordar dichos datos o eventos. Si el uso de éstos se convierte en dependencia, es algo realmente identificativo de que se está perdiendo memoria.

Dificultad a la hora de resolver problemas o seguir un proceso

Mucha gente también puede comenzar a expresar síntomas de la enfermedad de Alzheimer cuando le cuesta realizar algunas tareas mentales que antes desarrollaba fácilmente. No hablamos de operaciones complicadas, sino de algunas cuentas sobre los gastos domésticos, o algún proceso que pueda requerir de varios pasos para completarse.

En este sentido, algo muy típico es tener más dificultades a la hora de preparar una receta de cocina que antes se hacía de memoria, o incluso seguir las reglas de un juego de mesa que se practicaba habitualmente.

Desorientación en el tiempo y en el espacio

Las personas que padecen la enfermedad de Alzheimer también pueden tener problemas de desorientación. El olvido de las fechas concretas de algún evento también puede acabar suponiendo el olvido del día actual, y conllevar una pérdida de orientación.

Lo mismo puede suceder con la ubicación espacial. Los enfermos de Alzheimer pueden sufrir desorientación espacial y olvidar dónde se encuentran, a dónde se dirigen o cómo se llega a un destino concreto. Éste es, sin duda, uno de los síntomas más conocidos de la enfermedad de Alzheimer, que a veces provoca desapariciones de gente de edad avanzada y que tantas veces podemos leer en las noticias.

Problemas con el lenguaje al hablar o escribir

Otro de los síntomas más evidentes de la enfermedad de Alzheimer es la pérdida de capacidad a la hora de manejar el lenguaje. Esto puede definirse concretamente cuando se tienen dificultades a la hora de encontrar las palabras correctas para expresarse, sobre todo en una conversación y, más aún, cuando se olvida repentinamente el asunto de dicha conversación.

Otra manera en la que este síntoma se expresa es la repetición constante de frases o argumentos. Aquí, los enfermos no olvidan realmente de qué estaban hablando, pero sí dejan de saber qué cosas han dicho previamente o no.

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Dificultades al relacionar la ubicación de los objetos

Del mismo modo, es habitual encontrar en los enfermos de Alzheimer una dificultad para concretar la pertenencia de determinados objetos cotidianos. Esto puede resultar fácil de identificar, ya que un objeto que esté claramente colocado fuera de lugar resulta muy llamativo.

Otra consecuencia de esta dificultad es la de encontrar un objeto que se crea perdido. Como las personas con enfermedad de Alzheimer sufren problemas a la hora de recordar lo realizado anteriormente, también les cuesta memorizar los pasos dados con el fin de localizar ese objeto extraviado.

Problemas a la hora de comprender el entorno y calcular distancias

Los problemas en los enfermos de Alzheimer también pueden afectar a la hora de entender bien el entorno en el que se encuentran y el movimiento de los objetos que le rodean o que interactúan con él. Una de estas complicaciones se puede identificar cuando hay dificultades para calcular las distancias y las velocidades a las que se mueven los objetos.

En concreto, cuando hablamos de vehículos, tanto si se conduce como si se camina por la calle, puede suponer graves problemas o riesgos para la seguridad del enfermo de Alzheimer y de los demás usuarios de las vías.

Pérdida de juicio

Este síntoma es también muy identificativo en la enfermedad de Alzheimer, y se relaciona con la falta de capacidad a la hora de considerar si determinadas acciones o decisiones son correctas o adecuadas.

Algún ejemplo puede ser que el prestar menos atención al cuidado y aseo personal, o dejarse convencer fácilmente por vendedores y comerciales a la hora de contratar productos o servicios que, de otra manera, no adquirirían.

Falta de iniciativa

Los enfermos de Alzheimer pueden perder su capacidad de iniciativa a la hora de realizar algunas tareas cotidianas. Al principio, se puede confundir con cansancio o con desgana, pero una carencia de iniciativa prolongada en el tiempo y relacionada con todos los pasatiempos o actividades –y no con uno sólo– será síntoma evidente de Alzheimer.

También hay que tener en cuenta que esta desmotivación se puede dar como consecuencia de otros síntomas. En este caso, no sería un síntoma en sí, sino motivada porque el paciente es consciente de que se están produciendo alteraciones en su manera de pensar y actuar.

Cambios en los estados de ánimo y en la personalidad

De un modo similar al anterior, esto puede manifestarse como síntoma o como consecuencia de otros síntomas previos. La enfermedad de Alzheimer puede provocar cambios de humor, a veces incluso bruscos, y también cambios en el estado de ánimo o en la personalidad de los afectados.

Algunos de los cambios producidos por la enfermedad de Alzheimer también pueden provocar que los enfermos se sientan ansiosos o irascibles. Esto se debe a que, al sentirse desubicados, aumenta su inseguridad e incertidumbre.

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¿Se puede prevenir la enfermedad de Alzheimer?

Las causas de la enfermedad de Alzheimer no están del todo claras aún. Los estudios médicos y científicos tratan de averiguar con ahínco a qué se puede deber esta enfermedad, sin que aún se hayan podido establecer conclusiones definitivas. Una de las cosas que sí pueden influir en la aparición de la enfermedad de Alzheimer es el parentesco con personas que la hayan tenido previamente, pero este aspecto tampoco es un factor definitivo.

Además, la enfermedad de Alzheimer no tiene cura y su proceso es irreversible. No se puede decir que haya medidas de prevención que eviten su padecimiento, pero sí que hay algunos hábitos o prácticas que pueden ayudar a retrasarlo. Y, como tampoco es posible saber con certeza si una persona va a padecer la enfermedad de Alzheimer, estos hábitos son recomendables siempre. Algunos de los que indica la Alzheimer’s Association son los siguientes:

Controlar los factores de riesgo cardiovascular

Se suele decir que lo que es bueno para el corazón también lo es para el cerebro. Por esto, las medidas de prevención de los factores de riesgo cardiovascular pueden favorecer el retraso en la aparición de la enfermedad de Alzheimer. Es muy importante evitar malos hábitos, como el consumo de alcohol y de tabaco, ya que no ayudan en nada.

Una alimentación adecuada

Del mismo modo que los hábitos de vida saludable, la dieta también puede ayudar a retrasar el Alzheimer. Una dieta rica en frutas y verduras es otro buen hábito para cuidar al corazón y, por lo tanto, al cerebro. Se recomienda evitar los alimentos ricos en grasas saturadas y primar el consumo de alimentos más sanos, como el pescado azul, las legumbres, verduras, etc.

Ejercicio físico

Entre los hábitos que se pueden adoptar está el ejercicio físico, como salir a caminar o hacer algo de gimnasia. No es necesario realizar actividades demasiado intensas, pero sí se recomienda que éstas sean frecuentes. Un buen hábito puede ser caminar media hora al día, o más si se puede.

Ejercicio mental

También es muy importante que no disminuya la actividad cerebral para ayudar a retrasar la enfermedad de Alzheimer. Esto puede ser más frecuente en personas que, con la llegada de la jubilación, ejercitan menos el cerebro en su día a día. Pero siempre es bueno proponerse algún tipo de ejercicio o aprendizaje que mantenga el cerebro lo más activo posible.

Aumentar la actividad social

Este último punto puede estar relacionado tanto con el ejercicio físico como con el mental. El hecho de no aislarse llegados a una edad y seguir en activo, con otra gente, también es un factor considerado como positivo para retrasar la aparición de la enfermedad de Alzheimer.

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El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer

Al ser una enfermedad que no tiene cura y tampoco se puede prevenir, un diagnóstico temprano puede resultar muy beneficioso. Se recomienda acudir a un especialista a la primera sospecha de que existan síntomas de Alzheimer, para que éste los evalúe y, en caso necesario, inicie un tratamiento.

Actualmente, hay medicamentos que pueden ayudar a aliviar o retrasar los efectos de la enfermedad de Alzheimer. Pero hay que tener en cuenta que estos medicamentos son mucho más eficaces en las primeras etapas de la enfermedad, cuando aún no haya incidido con toda su fuerza.

Además, el diagnóstico de un especialista es necesario porque algunos de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer pueden ser comunes con otras patologías. Entre éstas, encontramos la enfermedad de Parkinson, lesiones craneales, algunas infecciones y también otro tipo de demencias que no se corresponden a la enfermedad de Alzheimer.

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¿Llegará algún día la cura para la enfermedad de Alzheimer?

Aunque el primer caso que se diagnosticó de la enfermedad de Alzheimer se dio hace más de cien años –por el médico alemán que le dio nombre– aún no hay cura para ella. Los estudios e investigaciones que se realizan se centran en perfeccionar los medicamentos que tienen que ver con su tratamiento, sin que se pueda considerar que haya conclusiones definitivas ni curas a corto plazo.

Es verdad que se han publicado noticias sobre una cura del Alzheimer próxima pero, como indica el experto y premio Nobel Erwin Meher, las incógnitas sobre la veracidad de estas informaciones son muy grandes. En todo caso, los mayores avances e investigaciones sobre esta enfermedad se están consiguiendo más en paliar los efectos y retrasarlos, ya que se considera que los daños ocasionados por la enfermedad de Alzheimer son incurables, y no se podría revertir el proceso ocasionado en el cerebro.

En definitiva, la enfermedad de Alzheimer es algo sobre lo que tenemos que tener conciencia, ya que es una de las enfermedades que más daño hacen actualmente y, previsiblemente, en el futuro. Ante cualquier indicio de síntomas de esta enfermedad, tanto en uno mismo como en una persona cercana, es muy recomendable acudir a un especialista. Los diagnósticos tempranos pueden resultar fundamentales a la hora de tratar esta enfermedad.

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