La depresión en la tercera edad es un problema de salud habitual

La tercera edad es una etapa de la vida destinada a que la persona descanse y disfrute de una vida tranquila, después de haber trabajado durante los años de juventud. Sin embargo, muchos ancianos no perciben esta etapa de esta manera y no son capaces de disfrutarla por padecer una depresión.

La depresión se considera una enfermedad mental y se caracteriza por un bajo estado de ánimo constante y porque el individuo sufre un mayor o menor grado de tristeza todo el tiempo. Sentirse triste por algún motivo concreto no es padecer una depresión, pero cuando este estado se prolonga en el tiempo y se pierde el foco del motivo que lo causaba, entonces sí podemos estar hablando de esta enfermedad mental.

 

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Síntomas de la depresión en personas mayores

Los síntomas de estar padeciendo una depresión pueden ser muy variados, dependiendo de la persona pueden pasar incluso desapercibidos para el resto.

El síntoma principal y más evidente es, sin duda, la tristeza. Aunque muchas veces, el paciente que la sufre lo hace en silencio y no es perceptible para el resto.

Con frecuencia, la persona que sufre depresión se vuelve más apática, siente un cansancio extremo que le impide realizar las tareas más simples, incluso aunque sea algo tan sencillo como peinarse. Esta apatía, en ocasiones causa que el anciano tenga una mala higiene corporal, ya que el hecho de ducharse o lavarse la ropa le suponga demasiado esfuerzo y deje de hacerlo.

Puede pasar también que la depresión le genere una autoestima muy baja y que la persona empiece a evitar el relacionarse con los demás. Al encontrarse deprimido, el anciano rechaza el contacto con otros semejantes poniendo excusas y termina por aislarse socialmente. Con frecuencia, personas mayores que sufren depresión tienden a quedarse encerrados en casa durante periodos de tiempo prolongados. Si no tienen un familiar o amigo que detecte la situación e intente ponerle remedio, las consecuencias pueden resultar fatales.

La depresión en la tercera edad no solo produce síntomas mentales, sino también físicos. La apatía causa por esta enfermedad puede generar la pérdida de apetito o, simplemente la falta de ganas de ingerir comida aunque se tenga sensación de hambre. La falta de ingesta provoca debilidad y cansancio, lo cual empeora su depresión.

Los trastornos del sueño también son comunes en las personas que sufren depresión, aunque en la tercera edad son un síntoma difícil de detectar, ya que las personas mayores suelen tener alteraciones a la hora de dormir.

Lo más importante es detectar a tiempo esta enfermedad, por lo que si se sufren estos síntomas o se sospecha que un amigo o familiar los padece, es necesario acudir a un profesional.

Causas de la depresión

En la tercera edad, las causas de la depresión son diversas, algunas de ellas pueden ser las siguientes:

· Tristeza por la pérdida de un ser querido que no se puede superar y se alarga en el tiempo.

· Situaciones médicas como enfermedades crónicas u otro tipo de problemas de salud.

· Debilidad generalizada causada por la edad.

· Dificultades en la capacidad motora.

· Pérdida o disminución de los sentidos de la vista, el oído o el olfato.

· Sentir que se ha perdido independencia o incluso el control sobre la propia vida.

· Tener alguna dolencia que impida desarrollar una vida normal.

· La soledad.

· Tener pocos recursos económicos al tener una pensión muy pobre.

· Caer constantemente en la melancolía al recordar tiempos pasados.

Estas son solo algunas de las causas que pueden terminar desembocando en una depresión, aunque cada persona tiene sus propias circunstancias personales.

La tristeza puede ser pasajera, pero la depresión no desaparece por sí misma sin ayuda. El tiempo puede ser incluso un factor en contra y agravar la situación, por lo que acudir a la consulta de un profesional es fundamental. Si no se está seguro de a quién pedir ayuda, el médico de cabecera puede hacer buenas recomendaciones al respecto.

Cómo reconocer la depresión

En ocasiones, el enfermo enmascara los síntomas de la depresión.

Si una persona rechaza constantemente el contacto con los demás poniendo excusas, o trata de terminar las conversaciones telefónicas aludiendo a motivos banales, si no quiere salir a la calle o sale de manera desaliñada, etc. Es más que posible que esté afectado por esta enfermedad.

La suciedad en el domicilio, basura acumulada o la presencia de alimentos en mal estado también son indicadores de que la persona sufre depresión.

Qué hacer si sufro depresión

Si se sufre o se sospecha que se sufre depresión, el primer paso es no callarse y pedir ayuda. El médico de cabecera puede derivar al paciente al psicólogo o recetarle algo de medicación.

Consultar con un psiquiatra y explicarle los síntomas puede dar la pista definitiva de si el trastorno que se padece es depresión o no. Si el doctor lo cree necesario, recetará medicación o derivará a un profesional de la psicología.

En ningún momento hay que tener miedo de explicarle los problemas al profesional. El médico está ahí para asesorar y tratar de ayudar, en ningún momento para juzgar o reírse de la persona.

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Qué hacer si un ser querido o un amigo sufre depresión

Ayudar a una persona que tiene depresión puede resultar muy complicado y desgastante. La falta de autoestima y de seguridad de la persona deprimida puede desembocar en agresividad, habitualmente verbal.

Lo más importante a tener en cuenta es que se necesitará una paciencia infinita y una voluntad férrea para no caer en el desánimo. La otra persona necesitará apoyo, aunque verbalmente exprese su voluntad de permanecer en soledad.

Se puede consultar a un psicólogo y pedirle ayuda para la persona deprimida. Después de comentarle las sospechas y los síntomas que padece la persona, el terapeuta sugerirá una serie de pautas enfocadas a que el paciente reconozca su problema y acuda a la consulta.

Si a pesar de los esfuerzos, no se consigue que el ser querido visite la consulta del psicólogo, lo mejor que se puede hacer por él es ayudarle con el día a día y cuidar de que no le pase nada malo por culpa de la apatía.

 

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