¿Qué situaciones provocan dependencia en las personas mayores? 

Al acercarse la vejez, muchas personas experimentan un estado que solamente habían sentido durante la más tierna infancia: son dependientes de otras personas para la realización de determinadas actividades. Esta dependencia puede deberse a diferentes factores y está ligada a una falta de autonomía que puede ser física, psíquica o intelectual en diferentes grados.

Tipos y grados de dependencia

Física: la persona pierde el control de sus funciones corporales y de interacción con el entorno. En función de la gravedad de la pérdida puede suceder que no es capaz de realizar las tareas domésticas o de higiene personal o, en los casos más avanzados, no es capaz de alimentarse por sí misma o controlar su esfínter.

Psíquica o mental: la persona pierde sus habilidades mentales y, por ejemplo, es incapaz de tomar decisiones o presenta pérdidas de memoria. El alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que entraría dentro de esta categoría.

Sensorial: la persona experimenta alteraciones en alguno de sus sentidos, principalmente la vista o el oído. Cuando estas alteraciones son severas puede pasar a convertirse en dependiente, pues es incapaz de realizar sus funciones diarias de manera autónoma.

Económica: la persona ya no es autosuficiente económicamente y requiere de la ayuda de otros para cubrir sus necesidades.

Mixta: se dan varias de las situaciones antes mencionadas que provocan la dependencia de la persona.

En cuanto a los grados, básicamente podemos distinguir tres niveles:

– Grado I: Dependencia moderada. La persona necesita ayuda para determinadas tareas pero mantiene su autonomía personal. Por ejemplo, no puede vestirse sin ayuda pero sí puede andar.

– Grado II: Dependencia severa. La persona necesita ayuda externa para la mayor parte de las actividades que realiza, pero no requiere de atención constante.

– Grado III: Gran dependencia. La persona presenta una pérdida total de su autonomía física o psíquica y requiere la presencia de un cuidador de manera permanente.

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¿Cómo detectar la dependencia?

Es frecuente que las personas que entran en la tercera edad experimenten la pérdida de algunas de sus facultades. Pero ¿cómo se determina que la persona ya es dependiente?

Es importante que sea un especialista de la salud el que certifique si una persona es dependiente y evalúe su grado. En cualquier caso, la persona debe prestar atención y acudir al médico cuando ve que se enfrenta a las siguientes situaciones:

– No es capaz de comer solo.
– No sale a la calle por miedo.
– Tiene dificultades para el desplazamiento dentro de su propio hogar.
– Ha descuidado su aseo personal o encuentra dificultades para realizarlo.
– Necesita ayuda para vestirse o para labores concretas como el abotonarse una camisa o atarse los cordones.
– Tiene problemas para ir al baño.
– Presenta pérdidas de orina o de heces.
– Confunde a familiares o conocidos.
– Tiene problemas en el lenguaje, para la construcción de frases o para explicar una idea.
– Pérdida de la noción del tiempo. Confunde horas, días, años, etc.
– Dificultades en cuanto al sentido de la orientación.
– Le cuesta leer o concentrarse.
– Pérdida de memoria en estado avanzado.

Cómo potenciar la autonomía en los mayores dependientes

Lo cierto es que cuando se detecta que una persona mayor es dependiente en algún grado, su entorno tiende a incapacitarle por completo, lo cual es un grave error. Esto hace que la persona mayor se sienta inútil y una carga, lo que provoca grandes frustraciones, sufrimientos y sentimientos de angustia.

Para evitar en la medida de lo posible esta situación, es importante que los cuidadores acondicionen el entorno de las personas mayores para que sean lo más independientes que sea posible. Para ello, es muy útil eliminar la existencia de obstáculos en el ambiente que puedan suponer un riesgo. Es posible que la vivienda requiera algunas adaptaciones como la instalación de asas que permitan el levantarse en el aseo, suelos antideslizantes o puntos de luz que permitan una vida más accesible a la persona dependiente.

Además, se recomienda que el cuidador no haga nada que la persona mayor pueda hacer por sí misma, es decir, que sólo ayude en aquello que sea estrictamente necesario. Esto será beneficioso para ambas partes, ya que el cuidador se liberará de buena parte del trabajo y el dependiente verá que es capaz de realizar tareas sin ningún tipo de ayuda, lo que le provocará satisfacción.

En muchas ocasiones los familiares (principalmente esposas e hijas, aunque cada vez más hombres se hacen cargo de la situación) no pueden hacerse cargo por completo de la persona dependiente y requieren ayuda externa. Además de las empresas privadas, es importante conocer los recursos públicos con los que cuentan las diferentes comunidades autónomas en nuestro país, que van desde ayudas económicas hasta centros de día o residencias especializadas. También hay programas para la realización de actividades grupales o terapias para los cuidadores, que con frecuencia sufren estrés por la sobrecarga de trabajo.

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