Las residencias de personas mayores: la necesidad de apoyo familiar

Las familias tenemos un papel muy importante en el buen desarrollo del ambiente de las residencias de ancianos, es decir, podemos implicarnos como protagonistas en el bienestar del mayor al visitar con frecuencia a nuestro ser querido. Cuanto más periódicas sean las visitas al centro, mejor seguimiento podremos realizar de la evolución de nuestro ser querido. Es conveniente hablar directamente con el personal para solicitar información sobre cuáles son los horarios de visita recomendados. Debemos ser nosotros quienes adaptemos nuestro horario a la rutina del mayor.

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Diálogo entre la familia y la residencia

Cuando la persona acaba de incorporarse al centro, la visita diaria de los familiares puede dificultar su integración al fomentar un vínculo de apego ansioso. La comunicación continua con los profesionales de la residencia dará las pautas para establecer una colaboración continua a lo largo del tiempo.

Por otra parte, conocemos mejor que nadie a nuestro familiar. Si observamos cualquier cambio de carácter o algún dolor físico del que no se haya dado cuenta el personal del centro, es muy importante comunicarlo. Debemos ser observadores y poner atención a los detalles.

Además, como familiares también podemos aportar ideas sobre posibles actividades de ocio llevadas a cabo en el centro para ofrecer un programa de envejecimiento activo a los mayores. Y si lo deseamos, también podemos colaborar como voluntarios en la organización de algunos actos. Por ejemplo, podemos proponer la idea de organizar un Club de Lectura en el centro para aquellos mayores interesados en poner en común el placer de la literatura.

¿Por qué es fundamental mantener una comunicación constante con la residencia de ancianos?

Para establecer un plan de acción común en el bienestar del mayor. Puede que los profesionales nos den la indicación de no llevar comida al familiar puesto que en ese caso, aumenta su costumbre de picar a deshoras y afecta a su apetito en las comidas principales.

Con frecuencia, cuando ingresamos a nuestros familiares en una residencia de ancianos, podemos tener sentimientos contradictorios. Estamos haciendo lo mejor para él, pero podemos experimentar la tristeza de creer que le hemos abandonado. Estos sentimientos irán desapareciendo a partir de una implicación continua en el cuidado del mayor.

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Es decir, que esté en una residencia no significa dejar de atenderle, sino contar con apoyo externo para sus cuidados. Es fundamental que cuidemos los detalles en el trato hacia el personal del centro. Por ejemplo, debemos recordar sus nombres.

La comunicación con el centro es fundamental incluso antes del ingreso de la persona, puesto que este asesoramiento personalizado es de gran ayuda para decidirse. Además, también debemos ser muy estrictos con la dieta del mayor. Debemos utilizar otras fórmulas para mimarle que sean distintas al hecho de llevarle dulces.

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Establecer una alianza de colaboración con el centro

Quedarán claras y definidas las funciones de cada parte teniendo siempre en perspectiva el objetivo común del bienestar del mayor. Informaremos a la residencia sobre cuáles son nuestros objetivos, así como quiénes serán los que visiten con más frecuencia a la persona mayor.

Con nuestra implicación directa en el cuidado de nuestros familiares también estamos elevando el sueldo emocional de los trabajadores.Debemos crear una mentalidad en la que la residencia es un espacio de familia y comunicación.

Evitaremos el individualismo de encerrarnos en la historia de nuestro familiar, aprovechando las visitas para conocer a otras personas. Mostraremos una actitud de amabilidad hacia los demás, intentando conocer  a las nuevas amistades de nuestro familiar.

Hay que mantener la regularidad en nuestras visitas no solo en un día laborables, sino en festivos. Nuestro ser querido observa cómo normalizamos la vida en torno a él. Lo más importante es estar a su lado, disfrutar de momentos cotidianos y celebrar las fechas señaladas con un encuentro.

Como familiares tenemos una responsabilidad que no podemos delegar de un modo absoluto en los profesionales del centro. Debemos ofrecer apoyo moral a nuestro ser querido. Debe sentir que todo sigue como siempre, es decir, forma parte de nuestra vida. Lo único que ha cambiado es su nuevo hogar.

Hemos de aprovechar nuestras visitas para salir a pasear, acudir a una cafetería, realizar actividades culturales o ir al cine. De este modo, aportamos felicidad a la vida de nuestro ser querido, al potenciar su agenda social activa.

Inteligencia emocional en el trato hacia los mayores

Si nuestro familiar tiene nietos, también debemos propiciar que mantengan el vínculo. A veces, se comete el error de hacer creer a los niños que las residencias son tristes. La visita es fundamental para siga en contacto con su entorno. Debemos intentar que siga disfrutando de rutinas que le hagan seguir ligado a su vida cotidiana y raíces vitales.

También tenemos que invitar a que otros amigos de nuestro familiar le visiten. El hecho de que nuestro ser querido tenga un nuevo hogar, no significa un aislamiento respecto de su entorno habitual. Es esencial establecer puentes de comunicación.

Participaremos en las celebraciones del centro en temporadas especiales como Navidad, Carnaval o Semana Santa. Nuestra presencia supone celebrar el presente y crear un ambiente intergeneracional en la residencia.

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