Prevenir y tratar la tensión alta en personas mayores 

La tensión alta es un problema de salud muy frecuente en las personas de la tercera edad. Tal y como se ha observado en diferentes estudios médicos, según avanzan los años, la presión sistólica del anciano aumenta, mientras que la diastólica disminuye.

El problema de la tensión alta tiene una prevalencia de en torno al 70 %, en las personas mayores de 65 años, lo que la convierte en uno de los mayores riesgos para la salud de este colectivo.

¿Qué significa tener la presión arterial elevada?

La presión arterial es la energía con la que la sangre golpea las paredes arteriales cuando el corazón la bombea hacia ellas. Conocemos esta circunstancia como tensión sistólica. Cuando el corazón descansa entre un latido y otro, la presión que la sangre ejerce contra las arterias disminuye. Es lo que se conoce como presión diastólica.

Cuando se realiza una toma de tensión, se tienen en cuanta ambos factores y es habitual nombrar, primero, la presión sistólica; y, a continuación, la diastólica.

Los valores de referencia de la presión sistólica y diastólica son los siguientes:

· Unos valores de 119/79 o inferiores se consideran como tensión arterial normal.

· Mientras que tener la tensión con valores de 140/90 o superiores es considerado como hipertensión arterial.

El rango numérico que queda entre la tensión normal e hipertensión es lo que conocemos como prehipertensión, que es el riesgo inminente de padecer una tensión arterial elevada. La prehipertensión vendría a darse con valores de entre 120 y 139 para la sistólica y entre 80 y 89 para la diastólica.

Síntomas de la tensión arterial elevada

La mayoría de las veces, la tensión arterial elevada no presenta síntomas. Es frecuente que el diagnóstico de hipertensión se realice en visitas rutinarias al médico, cuando se mide por cualquier otra causa.

Precisamente, por ser asintomática, la hipertensión es una enemiga silenciosa que puede derivar en problemas cardíacos y renales o accidentes cerebrovasculares.

Sin embargo, existe un tipo de tensión arterial alta muy peligrosa que sí genera síntomas. Es la llamada hipertensión maligna. Se presenta con:

· Fuertes dolores de cabeza.

· Sensación de náuseas o, incluso, vómitos.

· Confusión.

· Tos.

· Entumecimiento de las extremidades.

· Sensación de presión en el pecho.

· Dificultad respiratoria.

En el caso de padecer estos síntomas, es de vital importancia acudir al servicio de urgencias de un hospital para recibir tratamiento de inmediato y evitar que se produzcan daños en los órganos.

· Visión borrosa o ver puntitos de luz.

· Hemorragia nasal.

Complicaciones de la hipertensión

Cuando una persona tiene la tensión arterial alta, está en riego de padecer numerosas dolencias graves. En personas de la tercera edad, este riesgo es, incluso, más grave, debido a que su organismo es más delicado que el de una persona joven.

· Aneurismas: son peligrosos abultamientos en las paredes arteriales, que pueden llegar a bloquear el flujo sanguíneo o causar que se rompan y se produzca un derrame.

· Enfermedad renal crónica: causada por el estrechamiento de los vasos sanguíneos de los riñones.

· Problemas oculares: en ocasiones, con la hipertensión, los vasos sanguíneos oculares se revientan y pueden llegar a producir ceguera.

· Enfermedad arterial periférica: suele afectar a las arterias de las piernas, ya que el flujo sanguíneo se ve alterado y genera calambres, entumecimiento y sensación de pesadez en las extremidades inferiores.

· Accidentes cerebrovasculares: cuando se interrumpe el riego sanguíneo del cerebro, este deja de recibir oxígeno y puede empezar a necrosarse. Es de vital importancia acudir al hospital, si hay una parálisis repentina o dificultades en el habla o la visión.

¿Qué podemos hacer para prevenir la hipertensión arterial?

Ya que la tensión alta es un problema tan frecuente en las personas mayores, tratar de prevenirla es sumamente importante. Simplemente, con unos sencillos hábitos de vida saludables, el anciano puede contribuir a evitar la hipertensión o, al menos, tenerla controlada.

Es muy importante mantenerse en un peso adecuado, nunca por encima del 10 % de recomendado para la persona. Prevenir la obesidad no solo ayudará a mantener una tensión arterial en rangos normales, sino que también aportará beneficios adicionales para la salud del anciano.

La práctica de ejercicio de manera habitual también es un factor de prevención significativo en la lucha contra la hipertensión. Es importante que la actividad física sea adecuada para la edad y las condiciones físicas de la persona. También algo a tener en cuenta es que resulta preferible realizar poco ejercicio, pero de manera frecuente; que mucho, pero de forma puntual. Lo recomendable es moverse de forma aeróbica durante 30 minutos al día.

En muchas ocasiones, las subidas de presión se producen por tensiones emocionales. Así, es importante mantener unos niveles bajos de estrés y aprender a gestionar los problemas de forma adecuada. Practicar yoga o aprender ejercicios de respiración puede ser muy beneficioso para relajarse en momentos difíciles y evitar subidas.

Tomar mucha agua es otro de los sencillos hábitos que podemos adquirir para tener la presión controlada. Además, una buena hidratación aporta muchos otros beneficios al cuerpo.

La sal es el enemigo número uno de la tensión elevada, por lo que reducir su aportación en las comidas a menos de 5 gramos diarios ayuda a prevenir que la presión arterial suba. Si la persona está muy acostumbrada a las comidas saladas, no es recomendable quitar este condimento de golpe.

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Consejos para reducir la sal en las comidas y que sigan siendo sabrosas

El sentido del gusto se puede entrenar. Aunque todos tenemos preferencias por unos sabores u otros, es posible acostumbrar a nuestro paladar a nuevos sabores o formas de cocinar.

El gusto por lo salado no es innato en las personas. La sal se empezó a utilizar como conservante para los alimentos cuando las condiciones de refrigeración y conservación no eran las que tenemos ahora. Se observó que, además de ser un gran agente conservador, también ayudaba a potenciar los sabores de los alimentos.

Lo más importante para reducir la sal y que la dieta tenga éxito en el anciano es hacer que la comida siga siendo sabrosa.

La mayoría de alimentos procesados, envasados y precocinados aporta un exceso importante de sal, por lo que es preferible evitarlos. Se recomienda comprar alimentos frescos y de temporada y materia prima básica, como verduras, legumbres, carnes o pescados al natural, sin envasar.

A la hora de cocinar estos alimentos, se puede añadir un poco de sal de manera controlada. También puede potenciarse el sabor de las comidas utilizando determinadas especias, dependiendo del gusto del consumidor. Si no estamos acostumbrados a cocinar con especias, podemos empezar con algunas sencillas, como el orégano, la albahaca, el comino o el azafrán. Poco a poco, siguiendo algunas recetas, se pueden ir incorporando otras menos habituales, como el curry, la cúrcuma, el eneldo, etc.

El ajo también es un gran ayudante para aportar sabor a los platos y funciona como aliado para el sistema circulatorio, pues ayuda a mantener la tensión y reducir el colesterol malo.

En lo posible, será necesario dejar el alcohol. Su consumo también está asociado a un incremento en la presión arterial, por lo que, dependiendo del grado de hipertensión que se padezca, puede ser necesario eliminarlo completamente. Si la persona tiene la tensión arterial alta, pero controlada, y quiere tomar una copa de vino con la comida, de manera puntual podrá hacerlo, aunque tendrá que vigilar después que su presión no se haya visto afectada.

El tabaco también es un claro enemigo de la tensión arterial, así como para la salud, en general. Abandonar el hábito del tabaquismo beneficiará de manera considerable al organismo de la persona.

Tratamiento contra la hipertensión

Si no se han tomado las adecuadas medidas de prevención o, a pesar de haberlas adoptado, no han sido efectivas, será necesario recurrir a la medicación para controlar la hipertensión.

Lo más importante a la hora de reducir la tensión arterial es que se haga de forma gradual y no de manera abrupta, sobre todo, para minimizar el riesgo de isquemia. La isquemia es la condición que impide que la sangre llegue a los diferentes órganos del cuerpo y los nutra de oxígeno. Si se interrumpe el flujo, los tejidos pueden resultar dañados.

Es necesario tener en cuenta las peculiaridades de cada paciente antes de administrar una medicación contra la hipertensión. Es frecuente que los ancianos sufran otras dolencias, que podrían verse afectadas por los fármacos prescritos, como problemas de insuficiencia cardíaca, diabetes, enfermedades respiratorias, insuficiencias renales, etc.

Adoptar unos sencillos hábitos de salud permitirá a las personas de la tercera edad llevar una vida plena. Cuidarse es importante durante toda la vida, pero, sobre todo, en esta etapa, en la que el organismo se encuentra más deteriorado y es más débil.

Aunque la hipertensión parezca un mal inevitable para las personas mayores, ya hemos explicado que unos sencillos cambios en el estilo de vida pueden ayudar a prevenirla o tenerla bajo control, sin necesidad de medicación.

Las mediciones periódicas de la tensión, en el ambulatorio o la farmacia, ayudarán a detectar el problema antes de que se produzcan daños colaterales.

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